¡Y a más de 1000 incluso! #A1000Manos

Make one person happy

 

Hay gente que tiene capacidad de convocatoria por encima de mis posibilidades. Es así.

Me hubiera gustado ser un poco más enfermera para haber salido al compás de las palmas de MiguelCarlos y Andoni, pero no pudo ser.

Me habría encantado haber sabido organizar mi tiempo para compartir algo de lo que hago en mi día a día… al menos, de lo que se puede contar, pero siguen sin darme las horas en el día! Puestos a lo peor, quizá en las más duras tendría que haberme pasado por aquí a desahogarme un poco, pero es que incluso entonces andaba muy ocupado haciendo limonada.

Y acabo respondiendo al de siempre. De verdad que no lo hago intencionadamente, pero chico, tú sí que sabes… Quizás sea también porque va acompañado en la convocatoria por otra maravillosa persona, de esas con las que compartes cinco minutos en un Congresillo y acabas confesándote en conversaciones más o menos privadas, porque te das cuenta enseguida de que tiene algo distinto, que irradia optimismo entre tanto mal rollo, y que además me dejó una de sus fotos para decorar un post, y eso significa algo también.

Mil seiscientos pacientes, y creciendo; sobre ellos ando ocupado en mi día a día desde hace veinte meses. No son muchos para lo que otros compañeros llevan encima, ni siquiera tengo la preocupación añadida de conocer con cara y ojos a la mayoría; es más, muy pocos saben que existo.

Pero cada vez tengo más certeza de que estamos haciendo algo grande por ellos, y que estamos en la línea de los más grandes. Desde la modestia, oyes, no aspiro a salvar 15,000 vidas o a ahorrar 4 mil millones… ¡de momento!

Pero es que, por si fuera poco, además…

me encanta 2

 

Así que no podía estar más de acuerdo con el lema de este #A1000Manos. Porque son más de mil cada día, pero es que además, lo hago con gusto, sin saber cuántas horas he estado cada día estudiando o al teléfono, sin preocuparme desde hace veinte meses de ambientes tóxicos o jefes de los que no gustan, porque los míos me encantan.

Por más de mil, y si no, por mí mismo, como dicen los feos estos: “They said I didn’t stand a chance/ I wouldn’t win no way./ But I got news for you/ there’s NOTHING I can’t do. [...] Don’t need to get wasted, / it only holds me down. / I just need a will of my own / and the balls to stand alone.” Resumiendo: sólo necesito mi propia voluntad, y las pel*tas para aguantar yo solo.

Pero además, esto me ha recordado que tengo algunas cosas que contar, a ver si de esta nos leemos, aunque sea “de MES en cuando“.

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Soplamocos

Imagen vista en mundofili.blogspot.com Aprovecho la gloriosa imagen que ilustra la imagen de la publicación más vista de nuestro abandonado Blog, dado que algo tiene que ver la cosa que vamos a hablar con los mocos también… Pretendía únicamente hacer un comentario a una entrada algo visceral que una estimada colega publicó anoche en su Blog.

Cuando iba por el tercer párrafo en la réplica, me ha parecido más comedido sacar mi víscera literaria para no abrumar ni aburrir a quienes probablemente no merezcan que se les trate así. El tema surge a raíz de un par de conversaciones que fueron enlazando en los últimos días por Tuiter, y que a punto estuvieron de suponer una bronca familiar, porque en Teutonia se cena más pronto, y me pasé toda la cena, dale que dale, “mirando el pajarito”. :(

Dicen acerca de los nacionales de un país hermano que “en cada uno de ellos se oculta un psicoterapeuta y un seleccionador de fútbol”. Estaremos de acuerdo que en cada Sanitario patrio hay un Ministro de Sanidad, Servicios Sociales, Economía y Hacienda, con rango de Subsecretario de Interior y de Ordenación Territorial… Una vez más, se ve que “arreglólogos” podemos ser cualquiera, estimada colega.

Han puesto ya un par de ejemplos en los comentarios a tu publicación de que la situación suele ser más compleja que las soluciones simples que se nos ocurren (aunque no sean “ocurrencias”). Yo no he podido dejar de recordar mis batallitas con los “Pedieces” a la puerta de Urgencias…

Preguntas más sarcásticas que se me ocurren:

¿Qué hacemos con estos otros “estimados colegas”? ¿”Multa” también? Dado que no aplicamos el “código-catecismo albaceteño” (y no nos sabemos el de la OMC), ¿podremos seguir echando pestes de ellos en público y delante de SUS pacientes cuando NOS visitan (con palabrotas incluidas)? Si el paciente pide en Urgencias una receta de homeopatía o de naturopatía ¿que la pague se considerará “multa” o simplemente factura a secas?

Preguntas un poco más serias:

Ya te lo han comentado un poco más arriba: ¿quién decide lo que es o no pertinente? ¿quién cobra? ¿Saben los médicos de la sanidad pública decir “a la salida, mi compañero/a se lo explica” como hacen los de la privada, sin que el cliente vuelva para llamarnos algo contrario al “código-catecismo“?

¿Por qué me suena todo a “Ley del embudo“? Establezco como corporación un código que nadie sabe si se está aplicando o no, que tampoco fue bien visto por todo el mundo en su día al ser redactado, ni qué consecuencias puede tener, pero me ofendo si mi patrón lo publica (véase la entrada anterior del mismo blog); denuncio el “intrusismo” y las prácticas “acientíficas” que hacen otros, pero las que nosotros hacemos son “actos médicos” (inútiles puede, lucrativos también, pero “éticos”)… ¿De verdad, tenemos los médicos soluciones para todo, o andamos como siempre mirando al ombligo, a ver cómo no se nos desarregla “lo nuestro“?

¿Lo del sesgo de confirmación, lo has tenido en cuenta al agarrar al vuelo un estudio “que te da la razón” para utilizarlo como “enganche académico” en el post? ¿Has hecho una lectura crítica? ¿Has revisado CDI de los autores? ¿Te das cuenta que no evalúa las consecuencias más allá del detalle puntual? «El copago en urgencias disminuye la presión» Vale: ¿hacia dónde se desplaza? ¿a qué precio? ¿quién lo paga?. El estudio es de una Prestigiosa Universidad Privada con un Prestigioso Hospital Privado asociado… ¿En qué quedamos, “estos” no eran malos malísimos hace seis meses?

Solemos tener muchas cosas que arreglar en lo más cercano, y con las gafas de cerca, no se ve bien cuando queremos enfocar hacia el horizonte. Se pierden muchos detalles en el camino. El tema daba para una conversación en Tuiter para una tarde sin fútbol, pero quizás no deberíamos haberlo llevado tan lejos :)

Declaración de conflicto de intereses: En la actualidad no trabajo en ningún servicio de urgencias, ni cobro quince Euros por consultas indebidas, ni pertenezco a ninguna organización colegial, ni tengo pendiente ninguna sanción (ni premio) por parte de ninguna de ellas, ni trabajo para ningún organismo que se financie (iba a decir “se lucre”) “creando debate”, o desprestigiando a la sanidad pública o a la privada. Los enlaces criticando al Código Deontológico de la OMC son los primeros resultado de una búsqueda no filtrada, y las opiniones expresadas en ellos no reflejan necesariamente mi opinión personal sobre temas que se comentan ni son relevantes para el objeto fundamental de esta publicación… En mi opinión, opinamos demasiado a veces, y se nos enfría la cena…

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Los números de 2013 – Despropósitos de Año Nuevo

2500 Visitas en un año con apenas dos entradas: La del resumen del año anterior y otra más. Sólo puede significar una cosa: los buscadores nos encuentran bastante aunque nosotros andemos a otros asuntos.

No pensamos prometer nada, ni siquiera que vayamos a estar más vivos, ni creemos que vayamos a estarlo por publicar más, ni menos.

Por lo demás, los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 2.500 veces en 2013. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 42 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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¿Quién mató a la MFyC?

Insomne leo entradas antiguas y blogs diversos, y me espanto. Cuanto más tiempo paso en la atención primaria pública más claro lo tengo. La culpa es de los médicos, que en lugar de hacer programas de salud comunitaria y “salir a la calle” se trajeron a la comunidad y a la calle a la consulta, generando una población hiperdemandante, dependiente del médico para todo y con unos programas de prevención insostenibles cuando no yatrogénicos. Eso sí, qué rollo los domicilios…

Aquella época no tan lejana en que un médico de familia se sacaba la carrera de Derecho en su consulta vacía… Y la culpa como siempre del gobierno.

Ya hay gente que se lamenta de cómo se gestionó la Atención Primaria cuando se gestaron los EAP. Vale. Ahora soluciones, no auto compasión. Y tres hurras por el Coordinador, director o lo que digan que sea del CS donde he estado hasta la semana pasada. Esa es la actitud.

Tengan ustedes buenos días :-)

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Calidad «PET-sistencial»

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Dos días antes de Reyes, tuvimos que tomar la durísima decisión de poner fin al sufrimiento que una enfermedad crónica producía en nuestro gato, y en los adultos de la casa.

Se lo expliqué a mis hijos, y la mayor, un año más joven que la mascota, tuvo incluso la oportunidad de acompañar a su “hermano gato” en sus últimos instantes, que pasaron entre sus caricias y lágrimas. Todos seguimos recordando con ojos vidriosos a quien ha sido una parte especial del mobiliario de casa durante doce años, pero incluso los peques pudieron darle un beso, despedirle, darle las gracias… Entender en definitiva lo que estaba pasando y asimilarlo como una experiencia natural.

De la parte de las relaciones de los niños con las mascotas, hay quienes han hablado mucho y bien, como por ejemplo Rafa Pardo hace bien poco para Pediatic. Del final de la vida de los humanos, yo mismo de manera algo críptica (para variar) explicaba la experiencia con alguien relativamente cercano hace menos de un año.

Hoy quiero recordar fundamentalmente a Pedro y Ana, los veterinarios de cabecera de mi gato durante casi doce años. A pesar de que cambiamos de residencia a la otra punta de la Ciudad hace más de diez, lo siguieron siendo. Cosa curiosa, diréis: a poco de llegar al nuevo barrio, probamos con la veterinaria de la zona, que nos cobró su correspondiente minuta por cortar las uñas y peinar a nuestra peludísima mascota, cuando ninguna de los dos servicios se los habíamos solicitado, ni eran motivo de nuestra consulta. Nuestro “WTP” hizo desde entonces que prefiriéramos el gasto en transporte (generalmente en vehículo privado, por la escasez de tiempo que podíamos dedicar al asunto) y mantener la confianza que Pedro y Ana habían generado en nosotros.

Con su paciente, siempre fueron impecablemente profesionales; mis conocimientos sanitarios hacían fácil que entendiera los procedimientos o actuaciones que realizaban en mi Persa Azul. Con sus clientes fueron si cabe más exquisitos: la profusión en explicaciones y aclaraciones aun sin demandarlas era a veces incluso abrumadora, intentando que tuviéramos plenitud de conocimientos necesarios para evitar una posible relación de agente. –”Voy a vacunarle contra la leucemia felina. La leucemia felina es provocada por un virus que no afecta a los humanos, pero que…” – “aunque tu gato vive en un piso de ciudad y no tiene relación con otros animales, es conveniente que reciba tratamiento contra los parásitos de…” – “estoy tomando su temperatura rectal, si alguna vez lo haces en casa, puedes usar un termómetro de uso humano, pero ten en cuenta que la temperatura basal en esta especie es superior a la de los humanos, y no olvides desinfectar el termómetro después con…”

Fue así hasta el final, y con mi hija mayor presente. Creo que me sentí incluso aleccionado, como padre y como médico. –”Tu hermano gato tiene una enfermedad que no podemos curar y que le causa gran sufrimiento e invalidez…” “hace poco yo tuve que hacer algo similar con mi propio perro“; “lo que voy a hacer es, a través de esta cánula que le he puesto sin que le doliera, inyectarle una medicina que primero le dormirá y después…”

Siempre tuvo claro que realizaba una tarea relevante para la salud pública. Siempre tuvo claro que en ella intervienen pacientes y clientes. Siempre ha utilizado un mensaje claro, al nivel del receptor, empático… Hasta el final. Le hubiera hecho humano que hubiera sacado un pañuelo más de los que tenía convenientemente preparados y puso a nuestra disposición, y nos hubiera acompañado en nuestro llanto; pero eso no le hubiera hecho mejor profesional.

Me vais a perdonar lo que voy a decir, pero quiero que mi Veterinario entre por el Seguro. Aunque tenga copago. Por eso sí que haría huelga, aunque la verdad estoy en otra batalla ahora mismo.

La canción, absurdamente fuera de tono, lo sé. Lo hago a posta, también.

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Somos mucho más que dos, Caeteris y Disparibus, los que dicen esas verdades incómodas sin tapujos.

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

600 personas llegaron a la cima del monte Everest in 2012. Este blog tiene 5.000 visitas en 2012. Si cada persona que ha llegado a la cima del monte Everest visitara este blog, se habría tardado 8 años en obtener esas visitas.

Haz click para ver el reporte completo.

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No va a ser el fin del Mundo

logo 2012

Ésta va a ser una historia anodina, no es un homenaje a alguien importante en mi vida, ni yo en la suya. A fin de cuentas, sólo soy una de las decenas de miles de personas que leen un cierto Blog a diario, no es para tanto.

Empieza a ser costumbre que para lo que más a menudo me pase por aquí sea para dar las gracias por algo. En tiempos de mudanza e inquietud por doquier, no está mal que al menos sean más fuertes los impulsos para escribir por algo positivo, que por tanto negativo que nos rodea. Y que conste que las ganas de escribir por lo último son muchas, muchas, muchas

Hace como cosa de dos años que Miguel Ángel Máñez, aunque él no lo sepa, me introdujo en la globosfera sanitaria, sus escritos de “Salud” y sus “Cosas” pasaron en seguida a ser una de mis lecturas de cabecera. Nunca he sido mucho del “New England”, la verdad… En seguida apareció a su lado en referencias de blogs, en Twitter y demás aledaños la imagen de Iñaki y su blog “Sobrevivirrhhé”. Miguel e Iñaki, sí, como uña y mugre, para mí eran LA pareja. De hecho.

Pero me resistía a suscribirme al blog de Iñaki; así de refilón, lo veía algún día y me parecía que andaba contando sus peripecias por Budapest, de vacaciones o algo así. “Pues vaya un Gurú de miér..coles”, “el día que yo me ponga…”, “estos no tienen ni idea, cuando yo…”

Y una leche. Me ponga los zapatos del color que me los ponga, incluso que sean los de tacón cubano, ya sabéis a qué altura podría llegarle. Llegamos ilusionados y con ganas de conocernos ambos al 2CBS, y no nos defraudamos. Todo el ingenio y buen rollo que derrochamos en el mundo virtual confirmó en el momento cúlmen de “desvirtualizarnos” lo que éramos en realidad: un par de introvertidos que tenían muy pocas cosas que contarse en persona. ¿Qué te pensabas, que todo en la vida son flechazos y amores a primera vista en el mundo virtual? :P

Lo cual no quita para que hubiera suficiente sintonía: ganas de compartir y aprender, de pasarlo bien con lo que hacíamos. Un día a un tuit de esos de desaliento por la situación del momento, le contesté en privado con algo así como:

- ¡¡¡No nos prives de tus «Jajaja-tuits», que nos hacen mucha falta!!!

Otro día, era él quien me daba ánimos cuando sabía que había decidido dejar de ser funcionario, porque tenía que dejar de serlo, pero que la opción laboral que tenía ante mí era enormemente sombría, como se acabó confirmando.

Eso y dos copas más… encuentros fugaces, lo nuestro no da para más, pero estamos ahí, nos importamos. Bueno, al menos en lo que me toca, me importa.

Y va el tío y dice que lo deja. Vale, tampoco va a ser el Fin del Mundo, que ése toca mañana creo. ;)

Me imagino la retahíla de adhesiones homenajes, agradecimientos, alabanzas, deseos de éxito en los proyectos de futuro en los que se va a ver envuelto… ¡y que se desenvuelva bien! Besos a tu “Spiderboy” y tu “inFanta”, que escampe la tormenta, y sobre todo, que no cojas mucha grasa, y ayudes a tu alrededor a “desatocinar” unos cuantos.

¡Ah, sí! Que muchas gracias, que es para lo que empecé a escribir. Ni me despido, mira, simplemente creo que vas a estar de mudanza, como yo ahora mismo, nos veremos en cualquier otro lugar, en cualquier otro momento. Que no, que no va a ser el fin del Mundo.

Un (enorme) abrazo introvertido.

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Es lo normal.

Es lo normal.

Cuando uno elige una profesión vocacional, se supone que está preparado para cualquier cosa, que no va borrar jamás la sonrisa de su cara y que cualquier evento que suceda va a ser recibido con regocijo porque uno está ejerciendo (si tiene la enorme fortuna de ejercer) aquello que soñó con ejercer desde niño.

Y cuando uno piensa en profesiones vocacionales, piensa en médico, enfermera, policía, bombero, religioso, militar de carrera incluso. Profesiones que, todas ellas, implican un marcado espíritu de servicio al prójimo, al ciudadano necesitado, en apuros, de rescate,

de protección… Hoy en día llamamos al 112 y en cuestión de minutos,

estés donde estés y sea la hora que sea tienes una UVI, una patrulla y a los bomberos a la puerta de tu casa. Y si la catástrofe es considerable, a la UME –por fortuna en este país los militares se encargan de proteger a los civiles y no de pegar tiros al enemigo-.

Como ciudadana de a pie, no puedo por menos de agradecer con lágrimas en los ojos la eficiencia de todos aquellos que están al pie del cañón para mantener el orden y el bienestar en la sociedad que hemos construido. Pero eso lo pienso yo, porque no soy una ciudadana normal. Yo, además estoy al otro lado de la mesa.

Lo normal es que a los médicos nos hayan convertido en expendedores de cheques sin fondos a demanda, donde nuestro criterio profesional es cuestionado constantemente por un paciente ya no “empoderado” como dicen los pedantes sino “con pleno poder” para decidir las pruebas que se le deben practicar, los medicamentos que se le han de administrar y los días de incapacidad temporal que debe permanecer antes de regresar al durísimo trabajo que ha de soportar diariamente, ya que a día de hoy desgraciadamente no te envían la nómina por quedarte en casa. Y como somos médicos por vocación, esta situación debemos vivirla como algo completamente normal y considerar al paciente dueño de su derecho a decidir sobre su salud, alegrarnos por ello y ser felices. Hemos creado un mundo de caraduras y vagos a costa de la Seguridad Social, y vamos a ir a la huelga para que no se acabe nunca. Y me tengo que sentir enormemente agradecida a la vida por tener la oportunidad de atender a un niño con mocos a las tres de la mañana en un hospital de tercer nivel, o por ser vituperada por un ciudadano con cartilla de “sin recursos” a quien trato sus dolencias con remedios naturales –camomila, agua con sal, baños de contraste- y que no sale de la consulta, contándome queja tras queja remontándose a la época de cuando los dinosaurios poblaban la tierra, hasta que consiguió que le expidiera una receta “con vale descuento”. Oh, sí. La sensación fue casi orgásmica. ¡Normal!

Lo normal que las enfermeras sean las putas del servicio público de salud, que por no poder en peligro a los pacientes que les asignan se desdoblen en cinco y abandonen a sus familias por ir a visitar a sus pacientes a casa al acabar su jornada laboral llena de analíticas injustificadas (defensivas, vamos a llamarlas –vid supra-) y burocracia innecesaria, porque es más barato y cuesta menos tiempo y recursos educar a las familias a cuidarlos que curar sus escaras diariamente en el centro de salud. Que sufren un estrés mental indecible cuando en vez de tener tres paciente a cargo en la UVI –lo que mandan los cánones -tienen siete, ya que NO HAY DINERO para cubrir bajas laborales o ausencias –para el último juguetito en radiodiagnóstico o en un centro de salud vacío sí-. Dios me libre de tener que ir a la UCI. Pero claro, podemos pedir de ellas eso y más, porque eligieron con gusto esa profesión, y si debido a una carga de trabajo excesiva se confunden con la medicación o te ponen una leche en vena, el juicio popular será implacable y tu profesionalidad, valorada en cualquier país como excelente, lapidada hasta la extenuación. Y querrías haber sido empaquetadora de bolígrafos o contadora de nubes. Normal

Lo normal, que los policías municipales, encargados de la atención al ciudadano, a los que llamamos cuando hay peleas, el vecino hace ruido, me estorba una doble fila, nos damos un golpe con el coche o hay un problema de tráfico, sean los malos de la película y los denunciados cuando hay una redada. Tienen que tener la habilidad de reducir a un capo de la mafia rusa puesto hasta las cejas de cocaína sin tocarle un pelo. Meter a una chica empastillada que está pegando a su novio y de paso dos golpes de kickboxing a un poli que se acercaba en el patrulla, entre seis, ponerle unas inmovilizaciones de plástico porque las muñecas se le escapabas de las esposas… e igual, a caricias. Insto a los lectores varones que me digan cuál sería su reacción a una patada “ahí”. ¿Una sonrisa, porque cuando soñabas con ser policía sabías que iba en el lote, y por fin llega al consumación absoluta de esa vocación infantil? Por no hablar de los prejuicios a gran escala. Trabajador de la “tele” que tras tomar un taxi no quiere pagar la carrera, taxi que (obviamente) llama a la policía, policía que se persona, trabajador que se encara y le roba la defensa (“porra”) a uno de ellos y le va a golpear, pero el compañero se interpone, recibiendo el golpe y lastimándose el hombro. El policía herido acude al juicio el día siguiente con un informe médico, el trabajador, sin informe pero con un collarín. Adivinen en final de la historia (pista: palabras del forense algo así como: un mocetón como tú no se ha podido hacer daño, mírale pobrecito con un collarín). Lo normal. Resultado: Muchas caras rotas y ojos morados, hombros dislocados y narices partidas, entre los policías, que le salen a 30€ al agresor, y a ellos, denunciados y con investigaciones por asuntos internos. Lo normal. Normal que se suiciden. Los policías. Iba en la vocación. 6 en un año, en Madrid. Leñe, eso no lo dicen en la tele…

Lo normal es que los bomberos, que crecieron entre cuentos de rescatar gatitos y niños de casas en llamas, acudan ante fuego y marea, ante árboles caídos, cuando hace días que no vemos a un vecino y huele mal o cuando algún gracioso se tira a las vías del tren (qué mal gusto, por su culpa llego tarde a trabajar) (por si acaso espero que hayan pillado la ironía, no quiero luego entradas acerca de mi insensibilidad). Cuando un niño se cae a un pozo y muere en el acto, y quien baja a por él tiene que ver la mirada de sus ojos vidriosos clavada en los suyos el resto de su vida. Los mismos que los de aquellos a los que tienen que excarcelar de los amasijos de hierros en esos horribles accidentes de circulación, mientras los sanitarios les chillan en la nuca “¡¡deprisa, que los perdemos!!”. Y mientras, lo normal sería que la alegría inundara sus almas porque hacen lo que les gusta. Y no han de hacer caso al dolor que han de sentir en cada músculo de su cuerpo, en máxima tensión durante horas, porque para eso tienen un gimnasio en el parque. Tampoco se pueden hacer daño al levantar las planchas de hierro de 500 kilos que vemos a veces en las calles cubriendo alguna zanja: con esos cuerpos tan fornidos –quién no ha visto alguno de esos calendarios-, no tienen derecho a hacerse daño. Roturas de músculos, de ligamentos, de meniscos, de articulaciones completas… son recibidas con regocijo por estos hijos de Thor, quienes, por su parte, cada vez son tratados más como funcionarios y menos como los héroes que son. Cada vez hacen más cosas con menos recursos: lo normal, deberían ser capaces de apagar incendios a soplidos y ser menos blandos y no dolerles tanto la espalda, y son unos privilegiados por trabajar 35 horas a la semana –como el resto de los empleados públicos, qué casualidad-. Y se juegan la vida por algo más de mil euros al mes. Haciéndolo por vocación, lo normal es que lo hicieran gratis, ¿no? Teniendo en cuenta la cantidad de ellos que se dejan la vida en el intento, no sé qué pensarían las familias…

Y aquí dejo el repaso por este país tan normal. Normal que la amiga eslovena con la que cené anoche se quedara horrorizada al contarle nuestras normalidades. Normal que la gente joven se vaya de este país que construyeron sus abuelos y que han arrasado sus padres.

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Una vez más, gracias 2.0

Esta vez con nombre y apellidos. Ya no es algo genérico y de peloteo innecesario como la primera vez. En estos meses de incertidumbre, te quedas con la cosa de si esto de las loose relationships sirven para algo. ¡Y vaya que sirven!

Gracias a Freddie, una visión totalmente distinta de lo que se suele leer por la globosfera. Por casualidades de la vida, fue el primero en saber de mi marcha precipitada de mi anterior trabajo, y a los cinco minutos me presentaba dos posibles ofertas que me cuadraban. Cuando en casa esperan que lleves la parte que te corresponde para alimentar 3 bocas y una hipoteca, este tipo de gestos emocionan mucho más de lo que podré nunca expresar.

Gracias a Carlos, que transmite calma sin límites en lo que cuenta y escribe, lo cual es vital en el mundo de las emergencias en el que sobrevuela. Porque me puso en contacto con personas relevantes para un proyecto que encontré ya en marcha en mi nuevo trabajo, y que con ello me ayudó a ganarme un cierto respeto nada más entrar, por poder demostrar que cuando no sabía, al menos conocía a quien sabía. También para lo mismo me ayudó la simpar Rosa, de SAMUR, pero ella no se me ha hecho visible en el 2.0. De manera similar, echó un cable también David para otra cosa; son todos gente que sólo está a un tuit de distancia si los necesitas, como bien he podido comprobar.

Gracias por último (en orden cronológico) a Mònica. Por estar ahí, porque alguno de los proyectos que he dejado en marcha confío que cuenten con ella, porque creo que se ajustan a su filosofía de colaboración y conocimiento. Además estoy de acuerdo con ella: no es una gurusa, simplemente, es un Cielo. :)

Pues eso: 2.0 veces gracias, gracias.

NOTA FINAL: ninguno de los ofrecimientos “cuajó” finalmente en nada concreto, pero se valora la disponibilidad, no el resultado. Creo que ahí está el verdadero valor.

¡Ah! y gracias, cómo no, a Paloma, por compartir la excelente imagen con la que encabezamos esta entrada.

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Sin miedo: El Salmón Noruego

Genial, amiga Rosa, la cobertura de la Semana Europea de la e-Salud que has hecho desde Copenhague esta semana. Simplemente genial.
 
Has contado muchas cosas interesantes, muchas que parecen de un futuro que no sabemos si llegará, otras de realidades ya sorprendentes.
 
Pero lo que más me ha gustado, sin duda, es descubrir gracias a ti la iniciativa de la Dirección General de Salud Noruega sobre indicadores de Calidad Asistencial.
 
Envidia sana es lo primero que he sentido. Recordando los esfuerzos de la gente de Quique Bernal por conseguir algo mucho menos comprometido, cual son datos para uso exclusivamente técnico sobre variaciones en la práctica clínica, para poder promover las mejores prácticas y reducir esa dichosa variabilidad. Y van los comedores de salmón (y de ballenas), y hacen públicos sus motivos de orgullo (o sea, que también sus vergüenzas). Cosa que aquí, cuando sucede, lo más que sirve es para tirar de sensacionalismo, o al menos, eso es lo que parece. Quizás por eso algunos se ofrecen a salir en la foto siempre que la comparación no establezca un ranking; claro, para que haya un mejor, tiene que haber un peor también.
 
Sólo conozco el caso de Cataluña que haya colocado accesible a todo el público la información relativa a los números de todos sus hospitales, de los que se puede saber, viendo los “buenos”, quienes salen peor en la foto. Queda manifiesta mi ignorancia si resulta que por aquí tenemos más ejemplos similares: “el hospital que destaca por encima de la media en supervivencia de tratamientos de infartos agudos de miocardio es el XX.YY, mientras que el ZZ.TT tiene una supervivencia significativamente inferior a la media”. Los admirados por todos también publican sus datos, al menos uno a uno. No me he molestado en buscar si tienen así de accesible un agregado similar, aunque está claro que esa información llega donde tiene que llegar y se puede utilizar para tomar decisiones al respecto, como ya comentó Máñez en su día.
 
Parte de la leyenda del Salmón y las propiedades que adquiere como valioso manjar vienen dados de nadar a contracorriente para desovar. Yo confío en que este tipo de ejemplos sean cada vez más habituales, y que a los que optan por la transparencia no se les quede cara de besugos por la mala interpretación de lo que presentan, o la mala intención de quien extraiga un dato con interés en hacer daño.
 
Sí, la música es del primer grupo que repite en el Blog, la razón obvia.
 
 
Escrito en mayo de 2012, quedó pendiente de publicación por fuerza mayor.
Imagen: mardenoruega.es. Sin ninguna filiación con el autor.
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