Medicina, Oficio, para los Oficios: El trabajo se paga

Caminaron un buen rato, atravesando los témenos, ocultos a los visitantes del templo. Keteris no podía dejar de pensar en la cantidad de riqueza, ya no solo material, sino de trabajo humano, que había acumulada en esos divinos lugares. “Apolo ha de ser benevolente y derramar sus dones con generosidad, pues mucho se ha invertido en edificarle un hogar a medida de su grandeza”. Pero acto seguido sacudió la cabeza y trató de borrar ese curapensamiento de su mente; a fin de cuentas, la verdadera grandeza no necesita adornos ni ostentaciones, y un dios que quiere proteger a los desvalidos no debería necesitar tanto mármol.

-Debes estar hambrienta-. Pareciese como si Sibila hubiera tenido una revelación repentina, y se dio media vuelta hacia la joven. –Has de disculparme: no habitúo a recibir visitas, y hace tiempo que olvidé las formas de una buena anfitriona. Vamos, seguro que encontraremos algo agradable a tu paladar-. Aceleró el ritmo, obligando a Keteris a corretear por la estancia para no perderle el paso. Y de este modo llegaron a la sala donde se reunían a comer todas las hermanas en el culto y servicio a Apolo. Hacía unas horas que había pasado la hora del almuerzo, pero sobre la mesa quedaban fruteros con manzanas, dátiles, uvas, algo de pan y hermanasagua… de los que la joven dio buena cuenta; tanta y tantas habían sido las impresiones de las últimas horas que había olvidado por completo la comida. Una vez se hubo repuesto y el color volvió a sus mejillas, se sintió con fuerzas para preguntar a Sibila:

-¿La comida os la trae Apolo o algún emisario de los dioses?- preguntó inocentemente, al tiempo que sus pupilas crecían fijándose en los dulces ojos de Sibila. Esta, por segunda vez en el día, rió como ríe quien no ha podido reir en mucho tiempo, bien por mantener una compostura… o por tristeza.

-Ay niña, tu candor me enternece, y por las barbas de Zeus que hacía tiempo que no encontraba un alma tan pura como la tuya. Pero lamento que voy a decepcionarte, pues en nuestro sustento diario no hay ningún ser divino implicado. Si ya has terminado con el refrigerio, te enseñaré de qué vivimos.

Esto empezaba a ser demasiado para Keteris. Ella había hecho un largo viaje para que la Pitia de Delfos le desvelara detalles incógnitos sobre Apolo, y casi acabando elketeris y sibila día aún no habían hablado de él. Sin embargo, la mezcla de magia y misterio que encerraban aquellos lugares, aderezado todo con una belleza y una majestuosidad que arrobaban los sentidos, le habían atrapado en un torbellino del que iba a resultar difícil salir. Seguía pues, obediente, los pasos de Sibila; no era difícil observar en su paso firme y determinado, su semblante sereno y la elegancia de sus movimientos que, efectivamente, había sido educada para ser una princesa.

-Mira- y le mostró un pequeño cuarto donde se hallaban saquitos llenos de dracmas. –Nuestro sustento, la comida, las vestiduras, todo cuanto necesitamos para mantener el dracmatemplo en buen estado e incluso para nuestro solaz cuando nos vemos necesitadas de descanso de los sentidos. Como verás, se trata de algo muy prosaico y alejado del aura de magia y misterio que siempre rodea a los dioses y su relación con los mortales. Y ahora mismo te estás preguntando- siguió, mirando con cara divertida los cada vez más enormes ojos de Keteris –de dónde sale todo este dinero. Antes de que me preguntes si tengo por aquí escondido el cuerno de la Abundancia, sígueme-.

Y accedieron a una especie de caseta, como la de los mercados de la plaza de la Cnido, pero de piedra y con inscripciones talladas. Sibila guardó silencio esta vez, para que Keteris pudiera observar por sí misma lo que podían presenciar; no cabía duda de que la muchacha, aunque inocente y poco versada en los quehaceres más mundanos, era más que inteligente para deducir ella sola de qué se trataba en esta ocasión. Tras unos pocos minutos, en los que el silencio sólo se quebró por el canto de un mirlo errante, la joven comenzó a musitar, casi casi como pensando en voz alta:

-Comienzo a entender ciertas cosas. El primer día que pisé este lugar era siete; y es el día siete de cada luna que se invoca al Oráculo, de ahí las largas colas de gente que pude ver y que hoy ya no estaban-.

Sibila asintió con la cabeza.entrada al templo

-Y todo aquel que desee escuchar el Oráculo de Apolo paga en este puesto un Eparjé que luego entrega al Neócoro que custodia la entrada al templo.

-Así es.

A Keteris le daba todo vueltas en la cabeza. Realmente aquello era más complicado de lo que ella se había imaginado. Por su carácter rebelde enseguida quiso aducir que no veía justo que los enfermos tuvieran que pagar un tributo por escuchar la voz del dios sanador. ¡Todos deberían tener acceso al dios! Pero antes de empezar a articular palabra, la Prudencia le hizo enmudecer con otra premisa: sin ese tributo, no habría templo donde habitara Apolo y al que poder acudir a escucharle; sin ese dinero, no habría Neócoros, ni Sibila ni las hermanas, pues claro está que el sustento lo compran en el mercado, como todos los mortales, y a fin de cuentas justo es que se les pague por el oficio que realizan. Así que Keteris optó por levantar la mirada, darlo todo por bueno, y, asintiendo, indicar a Sibila que, efectivamente, ya lo había entendido todo.

Las dos mujeres, de diferente color de cabello y tono de piel pero con el mismo don en su cena con vinointerior, volvieron a la salita, donde las hermanas habían preparado un surtido de viandas digno de su oficio: plakon, sopa de cebolla, pescado asado con aceite de oliva y un puñado de higos frescos, así como dos jarras de vino que bien pudieran haber sido gentileza del mismísimo Baco; pues entre la comida, equilibrada pero algo abundante, y el delicioso vino, poco tardó la muchacha en empezar a bostezar.

(Continuará)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Gasto Sanitario, Historia, Medicina, Profesión, Sanidad, Vocación profesional y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s