El Oficio de Keteris: la revelación.

La CuriosidadKeteris estaba abrumada. Ella había viajado hasta Delfos a que la Pitia le contara la vida y milagros de Apolo y poder imbuirse de su divina facultad. Y hasta ahora, todo habían sido sorpresas, empezando por el hecho de que Sibila ya conocía su existencia; las visiones, no precisamente agradables, de gente enfermando, muriendo o hiriendose mientras trabajaban en la construcción del Santuario; y finalmente, y esto sí le había gustado, la vertiente musical de la divinidad a la que se había propuesto venerar, y si fuera necesario, dedicar su vida. ¿Qué habría de suceder ahora?

Sibila volaba por los pasillos, arrastrando a Keteris en su desenfrenado deseo de mostrar a la joven lo que le esperaba ahora. No se detuvo hasta llegar, casi jadeante, a la salita donde las compañeras de la Pitia habían preparado un impresionante desayuno: uvas de Corinto, miel de las flores de la corona de Hera, pan del trigo de los campos de Demeter y queso de las ovejas con cuya lana las Parcas tejen el destino de los hombres. Keteris, por entonces ya hambrienta, contempló extasiada las viandas y tomó asiento junto a los demás; no así Sibila, quien, con semblante serio pero radiante mirada, se dirigió a los presentes:

-Haced lo que ella os pida- proclamó. -Es una elegida. El oráculo ha hablado-.El Oráculo

Una exclamación de sorpresa, seguida de un silencio sepulcral, se adueñaron de la estancia. Keteris casi se atraganta con las uvas sobre las que se había abalanzado; a duras penas consiguió tragar, a la vez que miraba tímidamente entre sus hebras de azafrán  para percibir todos los ojos clavados en ella. Con gusto se hubiera escurrido debajo de la mesa, pero se tuvo que reprimir las ganas de hacerlo y conformarse con ruborizarse y hundir la nariz en el cuenco de yogur con nueces y miel que se había preparado. ¿Qué era eso de que era una elegida? Y si había hablado el Oráculo, ¿significaba eso que la había elegido el mismísimo Apolo? ¿Para qué? Esto se está complicando demasiado. Instintivamente levantó los ojos en busca de la balsámica mirada de Sibila, quien, con voz conciliadora, le instó:

-Anda, acábate el desayuno. El ritual no ha hecho más que empezar.

el besoY, acercándose a la joven, la besó. Un beso mágico, terapéutico, simbólico. El miedo de Keteris se disipó de repente, y los todos los presentes vieron la señal; sí, el Oráculo había hablado. Loada sea Keteris.

La curiosidad se había adueñado de la Elegida. Después de dar buena cuenta de su desayuno, había llegado el momento de continuar con “el ritual”. Estaba claro que no tenía que volver a sorprenderse por nada, no le salía a cuenta vivir en un constante estado de excitación y en fin, Sibila sabía lo que hacía, por qué ella estaba allí, a qué había ido… no necesitaba más que dejarse llevar.  Y según iban apareciendo estos pensamientos por su cabeza, recordó lo sucedido hacía unos instantes y llevó sus dedos a los rúbeos labios que acababan de ser besados; aún ardían. Una sensación hasta ahora desconocida se adueñó de Keteris.

Fue conducida junto a Sibila hasta una fuente recóndita, una fuente donde, al parecer, tenían lugar diversos rituales relacionados con Apolo, las Musas y toda su horbaño de Apoloda de representaciones. Allí esperaban ya por lo menos media docena de muchachas, casi adolescentes, que portaban ánforas de aceites especiadas, bálsamos perfumados y una pequeña botella con óleo sagrado. La fuente contaba con un sistema térmico que conseguía mantener el agua a una temperatura más que agradable. Entonces, las muchachas se acercaron con ademán de desceñir la túnica a Keteris, quien dirigió una mirada de pánico a Sibila; ésta, una vez más, rió –excepcionalmente silenciosa- y dirigió una mirada de asentimiento a Keteris, quien suspiró, resignada, y levantó los brazos en señal de rendición.

-¿Por qué no olvidas tus prejuicios y te relajas por unos instantes?- Inquirió Sibila.-Una cosa es la ostentación de poder, que sé que odias, y otra es un ritual de iniciación, de purificación, algo que pertenece a lo que va a ser tu nueva vida. Disfruta este momento y déjate hacer, a partir de ahora no va a haber muchas oportunidades de relajarse-.

Keteris decidió escuchar a la voz de la experiencia. Cerró los ojos, suspiró lentamente y dejó que aquellas dulces manos recorrieran su blanquísima piel, maltrecha por el viaje en barco desde Cnido, el recorrido entre Corinto y Delfos, Delfos y Corinto, en fin… dejó que los aceites, enérgicamente frotados en los lugares más estratégicos de su anatomía, hicieran desaparecer las tensiones acumuladas, los miedos, la angustia por las visiones y las pesadillas. Lavaron con exquisita delicadeza su largo cabello, y todo bajo la atenta mirada de Sibila. Una vez que las hubieron bañado, ésta hizo una señal para que las dejaran solas, y se volvió hacia Keteris, a quien ungió con el óleo sagrado para luego decir:

-Ahora que tu cuerpo y tu alma están purificados, estás lista para escuchar aquello que has venido a conocer. Tú quieres saberlo todo sobre la vertiente sanatoria de Apolo, esa por la cual es capaz de aliviar los males de los hombres, curar sus enfermedades. Pero tú estás preparada para algo más; te voy a contar una historia que hasta ahora pocos conocen, y que ha de ser el futuro de la Medicina, del cual tú estás llamada a formar parte-.

Sibila había conseguido atraer la atención de Keteris, cuyos ojos de aguamarina parecían dos signos de interrogación en su semblante infantil.

Apolo, Quirón y Asclepio

Apolo, Quirón y Asclepio

-Apolo, hijo de Zeus y de Leto, hizo concebir un varón a Coronis, una mortal de las muchas de las que se encapricha nuestro bienamado. De una manera muy traumática vino, pues, a este mundo, Asclepio. Muerta su madre, Asclepio quedó, en el Monte Pelión, a cargo del centauro Quirón quien, con ayuda de Apolo y Atenea, le instruyó en las artes de la Medicina y de la caza. Tan buen alumno fue Asclepio que llegó a dominar el arte de la resurrección.

Zeus montó en cólera cuando descubrió las habilidades del joven mortal, y con un rayo lo fulminó. Obviamente, Apolo no tardó en vengar la muerte de su hijo, y a su vez mató a los cíclopes que habían forjado el rayo. Lo cierto es que, al morir Asclepio, siendo hijo de un dios, ascendió al cielo. Hoy podemos verlo en la constelación de Ofiuco-.

Sibila paró a beber un sorbo de vino. Keteris estaba a su vez bebiendo sus palabras, sin perder detalle. –Vamos a refrescarnos un poco. Allí detrás está nuestro tholos, y es la hora del baño común-.

Salieron de la fuente termal y se acercaron al estanque donde ya chapoteaban alegremente las demás jóvenes. Se zambulleron en las frías aguas entre gritos y risas, pero Sibila no había terminado la historia.asclepio

-Asclepio había heredado la vara con la pitón de su padre Apolo, y por eso siempre se le representa con dicho atributo. Y antes de morir, nos dejó a su esposa e hijas para ayudarnos en la honrosa tarea de aliviar el mal ajeno: Epíone, su mujer, conoce la analgesia. Higea nos enseña a prevenir las enfermedades, Panacea elabora todo tipo de remedios y Telesforo anima a los convalecientes. De tal modo, podemos decir que, si bien Apolo es probablemente el dios con más poderes del Olimpo, tiene delegados muchos de esos poderes entre sus hijos, Musas y otros personajes. Así que, dada tu vocación, te sugiero que te dediques a las ciencias y artes asclepias. Tienes el don, y es tu responsabilidad hacer buen uso de él-.

-Está todo preparado, mi señora; os esperan en el abaton-. El neócoro se había acercado al borde del estanque a dar la noticia a Sibila, a quien se le volvieron a iluminar los ojos. Keteris tomó esto como una nueva amenaza a el bañosu tranquilidad.

-¡Vamos, sequémonos y vistámonos! Tu día de iniciación no ha hecho más que comenzar-.

Salieron, pues, del estanque; las secaron, las vistieron, cepillaron y recogieron sus cabellos, y se dispusieron a continuar con el guión de la jornada.

 

 (Continuará)

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Oficios: Apolo, dios de la Medicina… y de la Música.

Sibila, pues, acompañó a Keteris a sus aposentos  con las pocas pertenencias que llevaba consigo. La ayudó a desvestirse, cepilló sus cobrizos cabellos, y finalmente la cubrió con sábanas de lino, una vez que la joven se tendió sobre el suave lecho que a gritos reclamaba acoger su níveo cuerpo. Y, silenciosamente, también ella se retiró a su alcoba.

Morfeo no tuvo piedad con Keteris. Lejos de inducirle un pacífico sueño, la toMorfeorturó cruelmente con las visiones que ella había tenido ya en el templo: pesados andamiajes que cedían y se derrumbaban, sepultando en su caída a cuantos trabajaban en su derredor; miembros atrapados entre las poleas, herramientas que al caer provocaban espantosas heridas… sin que ella pudiera, en su trance, hacer nada por evitarlo. Después, Hipnos se apiadó de la joven, que yacía agitada y sudorosa, ordenando a su vástago Morfeo dejarla disfrutar de un merecido y reparador descanso.

Y no acababa de Muchacha ventanateñir el sol de naranja el horizonte cuando una delicada melodía dio en acompañar a la joven en sus sueños. Abrió sus glaucos ojos, dejando que la incipiente claridad se abriera paso entre sus pestañas… no, claramente no era un sueño. ¿De dónde procedía esa suave música? Llena de curiosidad, Keteris saltó de la cama y se asomó a la ventana, dejando que sus cabellos se llenaran de los rayos que anunciaban la llegada del nuevo día.

-Son músicos que acuden a solicitar los favores de Apolo-. Sibila entraba en ese momeKeteris o Afroditanto con intención de despertar a su huésped, hallándola sin embargo asomada a la ventana, con sus cabellos y su inocencia como únicas vestiduras; era evidente que las ninfas se habían afanado en derramar sus gracias sobre la joven que ante ella se mostraba, con su blanca piel salpicada de traviesas efélides, caderas redondas y piernas que de mármol parecían esculpidas. Y en un tono en el que se conjugaban admiración, ternura y, por qué no decirlo, envidia, prosiguió con su discurso: -Aquí llegan cantores de todos los rincones de la Tierra, a presentar a Apolo sus ofrendas y a recitarle sus composicioApolo Músicones, con intención de que le plazcan y les recompense con frecuentes visitas de la Musas y éxito en sus actuaciones-.

Keteris no se volvió a escuchar a Sibila; ni siquiera para saludarla. Estaba hechizada por los cantos, como si de sirenas se trataran, pero con voces graves, profundas, acompañadas de cítaras, liras y siringas.

-Estos a los que oyes vienen del occidente, de Iberia; han viajado por mar y por tierra, desde Hesperia hasta Persia, recogiendo sonidos de diferentes lugares para combinarlos en sus tonadas repletas de alegría, o melancolía, pero sobre todo del carácter de la gente de aquellas tierras, rudo pero gentil, cálido y envolvente-.

La inocente Keteris escuchaba extasiadMusicos Greciaa. Poco tardó uno de los cantores en percibir la atenta mirada de sus claros ojos, y haciendo un gesto a sus compañeros, se acercaron todos a cantar bajo la ventana de aquella su musa, que, desnuda, les escuchaba con deleite. Pero cuando ella se percató de que habían dado con su presencia, dió un salto hacia atrás, ruborizada, encontrándose de frente con Sibila, espectadora de la escena y que la miraba, divertida.

-Ten cuidado- le advirtió mientras la ayudaba a ceñirse la túnica. –Las sirenas son inofensivas comparadas con estos avezados viajeros. ¡Cuántas doncellas no se habrán rendido, encandiladas por su música!-. Y con la advertencia no logró sino ruborizar aún más a la muchacha, lo que terminó por hacerla reír. Definitivamente, el candor de Keteris la desarmaba por completo.

-Anda, vamos. Te tengo preparada una sorpresa- instó Sibila, arrastrando prácticamente a la joven fuera del alcance de los sonidos que la tenían hipnotizada. –Estoy segura de que te va a gustar-.

Keteris sacudió la cabeza, retomó la compostura y se dispuso a acompañar a Sibila, con una mezcla de curiosidad y temor. ¿Una sorpresa? ¿Es que nunca se van a acabar las sorpresas?

 (Continuará)

 

 

 

 

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Medicina, Oficio, para los Oficios: El trabajo se paga

Caminaron un buen rato, atravesando los témenos, ocultos a los visitantes del templo. Keteris no podía dejar de pensar en la cantidad de riqueza, ya no solo material, sino de trabajo humano, que había acumulada en esos divinos lugares. “Apolo ha de ser benevolente y derramar sus dones con generosidad, pues mucho se ha invertido en edificarle un hogar a medida de su grandeza”. Pero acto seguido sacudió la cabeza y trató de borrar ese curapensamiento de su mente; a fin de cuentas, la verdadera grandeza no necesita adornos ni ostentaciones, y un dios que quiere proteger a los desvalidos no debería necesitar tanto mármol.

-Debes estar hambrienta-. Pareciese como si Sibila hubiera tenido una revelación repentina, y se dio media vuelta hacia la joven. –Has de disculparme: no habitúo a recibir visitas, y hace tiempo que olvidé las formas de una buena anfitriona. Vamos, seguro que encontraremos algo agradable a tu paladar-. Aceleró el ritmo, obligando a Keteris a corretear por la estancia para no perderle el paso. Y de este modo llegaron a la sala donde se reunían a comer todas las hermanas en el culto y servicio a Apolo. Hacía unas horas que había pasado la hora del almuerzo, pero sobre la mesa quedaban fruteros con manzanas, dátiles, uvas, algo de pan y hermanasagua… de los que la joven dio buena cuenta; tanta y tantas habían sido las impresiones de las últimas horas que había olvidado por completo la comida. Una vez se hubo repuesto y el color volvió a sus mejillas, se sintió con fuerzas para preguntar a Sibila:

-¿La comida os la trae Apolo o algún emisario de los dioses?- preguntó inocentemente, al tiempo que sus pupilas crecían fijándose en los dulces ojos de Sibila. Esta, por segunda vez en el día, rió como ríe quien no ha podido reir en mucho tiempo, bien por mantener una compostura… o por tristeza.

-Ay niña, tu candor me enternece, y por las barbas de Zeus que hacía tiempo que no encontraba un alma tan pura como la tuya. Pero lamento que voy a decepcionarte, pues en nuestro sustento diario no hay ningún ser divino implicado. Si ya has terminado con el refrigerio, te enseñaré de qué vivimos.

Esto empezaba a ser demasiado para Keteris. Ella había hecho un largo viaje para que la Pitia de Delfos le desvelara detalles incógnitos sobre Apolo, y casi acabando elketeris y sibila día aún no habían hablado de él. Sin embargo, la mezcla de magia y misterio que encerraban aquellos lugares, aderezado todo con una belleza y una majestuosidad que arrobaban los sentidos, le habían atrapado en un torbellino del que iba a resultar difícil salir. Seguía pues, obediente, los pasos de Sibila; no era difícil observar en su paso firme y determinado, su semblante sereno y la elegancia de sus movimientos que, efectivamente, había sido educada para ser una princesa.

-Mira- y le mostró un pequeño cuarto donde se hallaban saquitos llenos de dracmas. –Nuestro sustento, la comida, las vestiduras, todo cuanto necesitamos para mantener el dracmatemplo en buen estado e incluso para nuestro solaz cuando nos vemos necesitadas de descanso de los sentidos. Como verás, se trata de algo muy prosaico y alejado del aura de magia y misterio que siempre rodea a los dioses y su relación con los mortales. Y ahora mismo te estás preguntando- siguió, mirando con cara divertida los cada vez más enormes ojos de Keteris –de dónde sale todo este dinero. Antes de que me preguntes si tengo por aquí escondido el cuerno de la Abundancia, sígueme-.

Y accedieron a una especie de caseta, como la de los mercados de la plaza de la Cnido, pero de piedra y con inscripciones talladas. Sibila guardó silencio esta vez, para que Keteris pudiera observar por sí misma lo que podían presenciar; no cabía duda de que la muchacha, aunque inocente y poco versada en los quehaceres más mundanos, era más que inteligente para deducir ella sola de qué se trataba en esta ocasión. Tras unos pocos minutos, en los que el silencio sólo se quebró por el canto de un mirlo errante, la joven comenzó a musitar, casi casi como pensando en voz alta:

-Comienzo a entender ciertas cosas. El primer día que pisé este lugar era siete; y es el día siete de cada luna que se invoca al Oráculo, de ahí las largas colas de gente que pude ver y que hoy ya no estaban-.

Sibila asintió con la cabeza.entrada al templo

-Y todo aquel que desee escuchar el Oráculo de Apolo paga en este puesto un Eparjé que luego entrega al Neócoro que custodia la entrada al templo.

-Así es.

A Keteris le daba todo vueltas en la cabeza. Realmente aquello era más complicado de lo que ella se había imaginado. Por su carácter rebelde enseguida quiso aducir que no veía justo que los enfermos tuvieran que pagar un tributo por escuchar la voz del dios sanador. ¡Todos deberían tener acceso al dios! Pero antes de empezar a articular palabra, la Prudencia le hizo enmudecer con otra premisa: sin ese tributo, no habría templo donde habitara Apolo y al que poder acudir a escucharle; sin ese dinero, no habría Neócoros, ni Sibila ni las hermanas, pues claro está que el sustento lo compran en el mercado, como todos los mortales, y a fin de cuentas justo es que se les pague por el oficio que realizan. Así que Keteris optó por levantar la mirada, darlo todo por bueno, y, asintiendo, indicar a Sibila que, efectivamente, ya lo había entendido todo.

Las dos mujeres, de diferente color de cabello y tono de piel pero con el mismo don en su cena con vinointerior, volvieron a la salita, donde las hermanas habían preparado un surtido de viandas digno de su oficio: plakon, sopa de cebolla, pescado asado con aceite de oliva y un puñado de higos frescos, así como dos jarras de vino que bien pudieran haber sido gentileza del mismísimo Baco; pues entre la comida, equilibrada pero algo abundante, y el delicioso vino, poco tardó la muchacha en empezar a bostezar.

(Continuará)

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Medicina, Oficio y para los Oficios: La Visión de Keteris (III)

Iphigenia, Robert Schmalz

Keteris

¡Resultaba divertido ver la cara de sorpresa de la joven Keteris!

-Oh, es realmente obra de los dioses. Pero aún no conozco vuestro nombre…- consiguió musitar la de los azafranados cabellos. Y por unos segundos, el semblante de su interlocutora se ensombreció.

-Soy Sibila, hija de Dárdano y de Neso. Pertenezco a estirpes de reyes, pero no te confundas: los dioses quisieron que fuera su oráculo, y dejé palacios y opulencias por servir a los dioses y a los necesitados-. Cerró los ojos unos instantes, lanzó un profundo suspiro, y volvió a sonreír a la joven, que aún no daba crédito a sus ojos. Seguidamente, haciendo una seña a Keteris con la mirada, comenzó a guiarla hacia donde ella sabía que debía guiarla.

Sibila frente a un enfermo

Sibila frente a un enfermo

La doncella siguió los silenciosos pasos con que, con rico calzado, hacía camino Sibila hacia zonas reservadas del enorme santuario dedicado a Apolo; el lujo que podía observarse daba buena muestra del importante status del que gozaban las servidoras del dios. Cierto es que su tarea era sumo desagradable en muchas ocasiones: ver cara a cara la enfermedad, el sufrimiento, la desesperación, ofrecer esperanza divina a quienes otros que se decían cirujanos ya habían desahuciado, consuelo humano a quienes sus dolores hacían padecer la furia de Hades antes de cruzar la Estigia… sin duda alguna, estas mujeres, consagradas en cuerpo y alma, en largo retiro apartadas del mundo y cuya experiencia vital jamás las abandonará, por larga vida que Zeus las conceda, son más que merecedoras de la más alta consideración de la sociedad. Son intocables, y nunca les falta de nada.

Apolo y Quirón

Apolo y Quirón

Sin embargo, Keteris, aunque también consideraba su dedicación como un oficio, un servicio necesario para la Polis al igual que el de sanadores y cirujanos, un oficio que debería de ejercerse con sencillez y cercanía a quien se encuentra desvalido. La ostentación de poder le causaba náuseas por lo general, pero observar a tales presuntos descendientes del mismísimo Quirón, que pugnaban entre sí por tener el mayor número de aprendices y que claramente habían olvidado los preceptos de los Siete Sabios, cuyo principal precepto siempre fue que la humildad es la verdadera madre de la Sabiduría, directamente le repugnaba.

oráculo

Leyendo el Oráculo

Tras atravesar, pues, el templo, que por su luminosidad bien debía ser morada no solo de Apolo sino también de Helios, habían accedido a donde habitaban quienes custodiaban los sagrados lugares, controlaban el acceso de los fieles y escoltaban en todo momento a la Pitonisa, mensajera directa de Apolo en el Oráculo de Delfos; le proveían de alimento y bebida y protegían de los intentos de contacto físico con los enfermos. La belleza de los aposentos era más que épica; por doquier podían admirarse mármoles de deidades hasta ahora desconocidas para Keteris; las Musas, ninfas, faunos y toda suerte de seres dedicados a complacer a los dioses o a habitar en ríos, mares y bosques; imponentes columnas, trabajados frisos…

andamio peligroso

Andamiaje de un templo

En aquellos momentos, la joven de níveos brazos comenzó a padecer cierta sensación de vértigo y un súbito sudor frío; repentinamente, las estatuas cobraron vida y se convirtieron en abnegados carpinteros, escultores, obreros de toda clase que arriesgaban su salud y hasta su vida tratando de construir Dermatosis por contactpsemejantes dependencias. Vio hombres cayendo de empinados andamios, o perdiendo sus manos al utilizar sus herramientas, o respirando el polvo de la piedra que tallaban, cuando no con alguna mota de cuarzo en el ojo…ojo

 

Por fortuna, la espantosa visión apenas duró un instante, aunque a la joven le pareció una eternidad; pudo reponerse y recuperar la compostura, aunque le quedó una angustiosa opresión en el pecho y también debía estar blanca como la faz de cualquiera de las diosas de piedra que engalanaban la sala, porque su anfitriona no precisó invocar sus poderes para percatarse de que algo no iba bien. Sin embargo, obvió hacer comentarios y continuó camino hacia los anexos privados del templo.

 (Continuará…)

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La Medicina como Oficio y para los Oficios (II): El viaje de Keteris

Keteris estaba, pues, decidida a conocer más de cerca a su nuevo amor: Apolo.

Con la navegarexcusa de viajar a Corinto a visitar a una de sus primas, de quien le habían llegado noticias de que iba a desposarse con un tebano, embarcó junto con unos comerciantes de especias desde Cnidos rumbo a Itea, donde se asentaba el mayor lugar de culto a Apolo: el Oráculo de Delfos. Y durante el trayecto, por otro lado tranquilo, libre de sirenas, serpientes marinas o desencuentros con Poseidón, dio la joven en observar los duros trabajos que habían de realizar los marinos, cuyos cuerpos, curtidos por el sol y el salitre, impresionaban prematuramente avejentados y llenos de pupas ulceradas. Conmovida, cada mañana se acercaba Keteris a unos sorprendidos marineros y les daba suaves friegas con el ungüento que ella misma usaba para mantener su piel nívea e inmaculada; les ofrecía naranjas y fresas, y las miradas mezcla de estupor y agradecimiento de los sufridos nautas calmaban la angustia que le provocaba a la joven observar sus penosas condiciones de trabajo.

En Delfos, Keteris quería escuchar de boca ni más ni menos que de la mismísima Pitia la historia de Apolo y sus poderes. Pero en Delfos no había un Templo, como en su Cnido natal. Aquello era un santuario en toda regla, ¡una especie de micrópolis dedicada al dios que ella acababa de descubrir! Y cuando llegó por fin al templo aquel 7 de Abril no podía dar crédito a sus ojos: había cientos, si no miles de personas, las que formaban cola con infinita paciencia para consultar al Oráculo. “Esto no puede ser sano”, pensó mientras cubría rostro y boca con un tul bordado. “Las pulgas se darán un festín, y por todos los dioses que una gangrena no se va a curar rezando”.

Delfos

Esperó varios días en casa de su prima en Corinto, donde conoció a su bien plantado prometido, antes de atreverse a volver. Un agradable aroma a incienso y otras especias humeantes invadía el recinto. “Inteligente. Disimulan el olor, pero el ambiente permanece pútrido. ¿Por qué no abren las puertas de par en par?” Miraba a su alrededor, observando cada rincón del templo con la mirada inquisitiva de quien porta la pulcritud como estandarte.

-¿Qué buscas aquí, joven? ¿Acaso quieres unirte a nosotras?- Se oyó susurrar desde detrás de una columna. Keteris se volvió, sobresaltada. Ante sus ojos apareció una mujer de aspecto cansado, pero con ricos ropajes y en cuyas facciones se Miguel Ángel Sibila délfica Capilla Sixtinareconocía la que debió ser una mujer muy hermosa antes de que el tiempo se hubiese ensañado con ella.

– No… ¿oh, Oráculo de Apolo?- Tartamudeó Keteris. La diplomacia y las formas nunca habían sido lo suyo, para desazón de sus progenitores.

La pitonisa esbozó una mueca. Primero de sorpresa, luego de desagrado, para luego suavizarla con una sonrisa y terminar riendo estentóreamente. Le habían conmovido la espontaneidad y la sencillez de la joven.

-Anda, ven,- le respondió en tono maternal, -sé quién eres. Te estaba esperando-.

Y no pudo por menos de lanzar otra sonora carcajada, cuya alegría multiplicó por mil el eco del templo, al ver la expresión con una mezcla de arrobo, sorpresa, incredulidad e ilusión casi infantil que se reflejaba en el rostro de Keteris.

(Continuará)

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La Medicina como Oficio y para los Oficios: La Historia de Keteris.

Su nombre, Keteris. Keteris de Cnido.

Rondaba el año en que Pisístrato tomaba la Acrópolis de Atenas y daba comienzo una nueva era bajo su tiranía.

Keteris, a quien las ninfas dotaron en su cuna de belleza, elocuencia y donosura, vio la luz en Cnido, donde pugnaban en grandiosidad dos templos dedicados a las deidades con los oráculos más demandados por propios y ajenos, comerciantes, guerreros, enfermos, músicos y amantes. Los dioses más poderosos del Olimpo, Apolo y Afrodita, moraban en aquel pueblo portuario.

Apolo Triopio y Afrodita Cnidia.Apolo

afrodita

Nunca pasó desapercibida. Hermosa y rebelde, inteligente e inquieta. Las deidades habían sido generosas con aquella joven de cabellos azafranados que ella insistía en cubrir con un velo de gasa. Desde niña, su mayor obsesión era la pureza de cuerpo y de alma, pero la pureza de verdad y no lo que ella consideraba hipocresías de las grandes polis y los sacerdotes corruptos. Sus ropas resplandecían, pulquérrimas, sus manos níveas eran fiel reflejo de un hábito compulsivo por la limpieza y huelga decir que en su morada jamás pudo verse rastro de inmundicia alguna.

Mas lo que a Keteris realmente llenaba de tristeza y rabia era el sufrimiento. De todo tipo y condición. Ya a su familia le había supuesto serios quebraderos de cabeza cuando, de niña, insistía en acoger en su casa toda suerte de animalillos desvalidos y plagados de pulgas, a quienes ella lavaba concienzudamente y luego despiojaba con infinita paciencia. Tal oficio bien le valió algún disgusto, pues las chinches vieron apetecibles sus níveos brazos y en cierta ocasión le afectaron unas fiebres al poco de que le picara uno de tales infectos seres. Keteris no se arredró, sino que aprendió de aquellas y al siguiente perrillo que llevó para el consabido ritual, tuvo la idea de cubrirse desde entonces los cabellos, la cara y los brazos con gasas para evitar la desagradable visita de alguno de tales molestos parásitos.

Era conocida en todo Cnido, no solo por proceder de buena familia, sino casi al contrario, por los constantes desafíos a todo lo que tuviera algún atisbo de cercenar su libertad de acto, pensamiento o expresión. Hubo un tiempo en que los sacerdotes de ambos templos se interesaron por aquella adolescente de lengua viva y sanas costumbres. Pero si pensaban que aquella jovencita iba a dejarse monopolizar para seguir unos votos y unos ritos que ella consideraba trasnochados, ya podían volver por donde habían venido.

Sin embargo, aquel episodio sirvió para que Keteris conociera otro rostro de Apolo. Menos divino, menos grandioso, menos hermoso pero a la vez, a sus ojos, más bello; entre los múltiples poderes que se le atribuían al Dios Sol, el único que podía hablar de tú a Zeus, era el de la sanación. Al Oráculo de Apolo acudían enfermos a suplicar mejoría, o sanos a presentar ofrendas para no perder su salud. Y fue esta advocación de Apolo la que le hizo seguirle… a su manera.

 

 

(Plinto de Apolo Iatros, «2006 0814 Appolon Inscription 20060353» de CristianChirita – Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons) -

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Misión cumplida

Ha habido muchos momentos muy intensos en este año que acabó. Mucho más incluso fuera del blog, si me sé explicar. Fue ilusionante aportar un granito al proyecto #A1000manos, aunque los programadores nos jugaran (una vez más) una mala pasada y saliéramos antes de tiempo. Estuvo muy bien que nos invitaran a escribir “de lo nuestro” en serio, y en un sitio serio. Pero nos quedamos sin duda con la fusión de lo virtual y lo real. Porque puestos a elegir, nos quedamos con la vida real, que los paisajes aquí son muy bonitos.

Por lo demás, misión cumplida, ¿nos seguiremos leyendo este año “de mes en cuando”?

Un año más, compartimos las estadísticas que WordPress.com preparó sobre el año 2014 de este blog, como muestra irrefutable de que carecemos de sentido del ridículo.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 3.200 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 53 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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Manual de Sensatez

Pin, Pon, Pun, y Trol

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¡Qué vida, qué vida!

Desde Semana Santa (de 2014, que aún no sé cuándo publicaré) queriendo poner cuatro palabritas y una fotocomposición tontil…

Hubo una época en que alguno habría pensado que era oportunismo, ante los acontecimientos de aquel momento. Alguno incluso pensará que es estrategia comercial de su editora. Sobre todo, si eres de esos últimos, date por insultado un ratito y dedícate a otra cosa.

Iba a titular el post “Manual de Sentido Común“, pero al acabar de leer el libro, llegué a la cubierta de delante (no preguntes cómo empiezo a leer yo los libros, es la falta de práctica quizás, ¿vale?), y resulta que ese #concepto ya estaba pillado.

Pero eso: sensatez, para las cosas de cada día, para las que nuestras mamás no tenían manual Merck, ni Google, ni médico del igualatorio el fin de semana, y muy probablemente tampoco hospital a mano. A eso apela en doscientas páginas Jesús, El Médico de mi hijo (bueno, de los míos no, conste, pero hubiera podido ser el de mis sobrinos).

Que se lee de un tirón, y tiene respuesta al 70% de las preguntas que tuve en mi examen de Pediatría I, pues a fin de cuentas, la Medicina en la mayor parte de ocasiones no se trata más que de aplicar sentido común, o de esperar a que la Naturaleza siga su curso, ahora encima que dicen en el BMJ que no es una semana, que son quince días, con lo cual da tiempo a empalmar una con la siguiente…

A veces he pensado enlazar mi “revisión bibliográfica” con lo que tanto ilusiona al autor, como es el maravilloso grupo de Facebook, donde las marujas a veces insultamos a los profesionales, o algo así. Pero afortunadamente queda menos para el apocalipsis. Estoy seguro de que, tarde o temprano, el grupo pasará a mejor vida, pero el libro seguirá siendo útil. El grupo… en fin. ;)

Y aunque cueste creerlo a algunos, el sentido común que propugna el libro casa muy bien con la Ciencia, pero muy poco con las fórmulas mágicas. Un nene NORMAL va a tener mocos (como ya dijo Cæteris aquí, ¡ejém!),  muchos mocos, cera en las orejas, manchas en la piel y cacas de todos los colores, andares extraños, arritmias, soplos, más mocos, incluso manchas de caca de todos los colores SOBRE la piel y los mocos. El nene normal va a tener que aprender a contener virus para los que no hay vacuna con sus propios medios, necesita comer de todo sin glicimemeces bajas en tontoctosa o diluidas a la enésima potencia de beneficio empresarial en agua azucarada…

Querido papá, querida mamá: no compres este libro si esperas que tu hijo sea perfecto, y crees que te va a dejar en el pañal el regalito del mismo color y peso todos los días y a la misma hora, que no va a tener fiebre, y que va a deletrear “infraestructura” sin tartamudear a la precoz edad de sesenta años meses. Tu hijo no va a ser perfecto, porque es como tú: O sea, es NORMAL, y lo NORMAL es la variación, el perder el sueño hasta que vayan a la mili, el ir alguna vez a urgencias a por una nebulización, y el pasarlas canutas pensando que el termómetro está mal, o que no sabes si le diste la dosis de karachutamol del peso partido por cuatro, o la de mirilprofeno por la raíz cuadrada del ascendente en Virgo. Enhorabuena, eres papá o mamá, ojalá que por el resto de tu vida; no te deseo nada que no quiera para mí mismo, ojo…

Y al llegar a leer los agradecimientos del libro (fue después de la portada, pero tampoco lo último… insisto, ¡no preguntes!), ¿no va el autor y me agradece la colaboración? Y además me nombra como los amigos, por el apellido de mi madre, que el de mi padre es para cosas serias, pero el otro es para los amigos y las cosas importantes…

– ¡Mamá, oye! ¡Que soy coautor! Sí, de una cosa de ser padres, y tal…

Conflicto de intereses: Conocí a Jesús (el autor, el de los “piriódicos“) en el II Congreso de la Blogosfera Sanitaria, donde  yo era voluntario del comité organizador, y él apareció como im-ponente. Después, se vino un día a mi ex-casa a tomar cerveza, y no recuerdo cuántas se tomó.

Pero ya me debe unas cuantas.

Foto: Pin, Pon, Pun y Trol. Visto en redes sociales.

PD: Recuerdos a Manolito, que se le echa de menos; ahora, un pequeño mensaje de nuestro patrocinador…

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Seguremos

Uno apenas tiene tiempo de sus propias cosas de diario, pero intenta hacer tiempo para los amigos. Y José María se ha convertido en un espléndido cíber amigo, por su generosidad, grande compartiendo su mucho saber, y aun mayor en el halago… No he podido posponer más su invitación para escribir en el blog de AEGRIS, y gracias por la oportunidad. Lo propio, después de explicar aquí que la brega diaria de la mesogestión trata de crear un Sistema inteligente, orientado a la calidad, es explicar que ese mismo Sistema ha de ser seguro, de eso hablamos para AEGRIS.

¿A alguien más le han juntado en su Organización Calidad Asistencial y Seguridad de Pacientes? No creo ser el único. Bueno, lo confieso; yo me lo pedí, pero tenía pleno sentido, veréis:

Mi Organización “se condensa” (quien me conozca, entenderá mejor la metáfora) en la asistencia sanitaria a través de las Buenas Prácticas de Fabricación y Distribución de Medicamentos y Productos Sanitarios. La “cultura de calidad” en la organización, por tanto, tiene muy presentes dos conceptos: El cumplimiento y la gestión de riesgos.

Antes de “condensarse”, la gestión del riesgo  ya existía  en nuestra organización desde el punto de vista de la Salud Laboral: Resulta que los “prevencionistas” -como gustan ellos en llamarse- también identifican en sus procesos de actividad los riesgos existentes, evalúan los mismos orientados a la criticidad (ya sabéis: el “Mapa de calor“, o matriz de impacto/ probabilidad) y en función de ello, priorizan las acciones a tomar para eliminar, mitigar o aceptar esos riesgos identificados.

Esa gestión del riesgo también se somete a ciclos de mejora bajo el liderazgo de la alta dirección… Espero que a alguien le vaya sonando, si no, este ejemplo del Gobierno de Alaska puede ayudar:

Exactamente esa misma metodología, resulta que se aplica en riesgos laborales, financieros, actuariales (los que miden en las compañías de seguros la probabilidad de que el evento asegurado ocurra, y por tanto emiten un dictamen sobre el valor de la prima del seguro a cobrar), en Seguridad y Orden Púbilco (como el de la imagen), en seguridad alimentaria (las Normas APPCC, de Análisis de Peligros y Puntos de Control Críticos vuelven a referirse a esto mismo), y en algún otro caso, incluida la práctica clínica diaria, por cierto.

El cumplimiento, en sectores altamente regulados, como el de la fabricación y comercialización de medicamentos o dispositivos sanitarios, se concreta en la normalización. Oficialmente, dicha actividad se define como “la elaboración de especificaciones técnicas (las NORMAS), que son utilizadas por las Organizaciones (de manera voluntaria o por requerimiento legal),  como referencia para probar la calidad y seguridad de sus actividades y servicios.

Todas las normas que regulan la Industria asociada a los cuidados de salud incluyen entre sus requisitos normativos “la adecuada identificación y gestión de los riesgos”. Quien tenga curiosidad por confirmarlo, que consulte las Normas de Buenas Prácticas de Distribución, Comercialización, Fabricación… conocidas en general como “GxP’s“. O la Norma Internacional que establece los requisitos de la calidad de la fabricación de dispositivos médicos (UNE-EN-ISO 13485). Si no tienes fácil acceso, siempre puedes buscar la Legislación Local que habla de lo mismo, en este caso, el RD 1591/2009, por el que se regulan los productos sanitarios. La Normalización también se llama a veces  “estandarización“, pero no sé hasta qué punto el Profesor Ruiz me lo hubiera aceptado, después de decir “prevencionista”, ¡dos veces!

La gestión de riesgos como tal, ha sido recientemente “normalizada” también: Hace apenas unos años, los grupos de normalización de Australia y Nueva Zelanda publicaron la norma AS/NZS 4360:2002. Curiosamente, basándose en la experiencia en gestión de riesgos de los hospitales de nuestras Antípodas. Fue poco después incorporada al catálogo de Normas Internacionales como Norma UNE-ISO 31000. Algo parecido está ocurriendo con la OHSAS 18001 de sistemas gestión de la prevención de riesgos laborales, que pasará de ser una norma “privada” a la nueva ISO 45001 el año próximo.

En nuestro entorno Sanitario e Hispano, existe un buen documento de referencia, cual es la “UNE 179003. Servicios Sanitarios: Gestión de Riesgos para la Seguridad del Paciente“. Algunas organizaciones ya han obtenido certificación mediante auditoría externa de cumplimiento de esta Norma; el cariño hacia algunos de los que allí trabajan, y el no conocer a otra institución que lo haya obtenido, me hace pensar inmediatamente en la Fundación Hospital de Calahorra.

Una vez estandarizada la gestión del riesgo, y definidos por tanto sus criterios de conformidad, o de cumplimiento, el siguiente paso es la evaluación para identificar áreas de mejora. Evaluar en este contexto no deja de ser COMPARAR: con respecto de la Norma -interna o externa- que tenga como referencia, con respecto de uno mismo, creando mi cohorte sucesiva, unos departamentos de mi organización respecto de otros, un hospital de mi Red Asistencial respecto de otros. Creo que se entiende fácil. Un ejemplo de comparaciones públicas lo tenemos en algunos ejemplos de transparencia de datos de algunas administraciones locales o extranjeras. El último que he descubierto esta semana es este PDF, donde se lleva a cabo una comparativa europea sobre sistemas de seguridad de pacientes, busca tu país, busca, espero que alce tu ánimo, y entiendas que tampoco estamos tan mal…

Resumiendo: 1) Gestionar el riesgo (el cuadrito de arriba del todo), 2) estandarizar, 3) comparar, 4) mejorar.

Conclusiones y más… Revisa la publicación original del 9 de septiembre de 2014.

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Calidemos

Imagen vista en systemsthinkingpress.com

Una de mil aplicaciones del pensamiento sistémico.

Ni promesas de escribir de mes en cuando como hice hace poco aquí mismo es uno capaz de cumplir.

El caso es que, el hecho de estar dándole todos los días al #FF como explicaba hace un rato en algún otro lugar, lo complica.

Tampoco es fácil viviendo a caballo entre varios mundos: lo público y lo privado, lo de antes y lo de ahora, lo de aquí y lo de allí, el Ma-Me-Mi-Mo-Mu (éste no lleva enlace o explicación, es una #NotaMental porque tengo otra cosa que contar aquí con ese leitmotiv)…

¡Calidad, calidad, calidad! De-Co-Me-Ce (si eres sanitario, éste no necesitas que te lo explique). ¡Pero si no pienso en otra cosa!

Falso. Antes de la palabra que no se le cae a nadie de la boca, yo ando pensando en otra: El sistema. El sistema es el que me evita los Tsunamis (#NotaMental y disculpas a Iñaki: te debo un post de tsunamis hace más de un año, y te debo más cosas).

¡Sistema, sistema, sistema! Me llevó a desempolvar esta presentación que bajo ese logotipo no llegué nunca a hacer, y sin embargo ahora, traducida y revisada, está teniendo pleno éxito. Cuestión de clásicos, que nunca pasan de moda.

 

Hablando de ellos (clásicos que nunca…), estamos haciendo camino, camino de calidad; calidemos, pues.

Última #NotaMental – Escribir con jetlag, no sé si eso da para un post, pero hay que hacerle un seguimiento al tema, cualquier día, Marta me denuncia por plagiar estilo, aunque me falte mucho para llegar a nivel principiante.

Imagen de inicio vista en http://www.systemsthinkingpress.com/

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