Regreso a casa

1987-1993. 25 años Medicina Valladolid - Grupo en el Anfiteatro

Tal y como amenazaba el mes pasado, hemos vuelto por nuestra Tierra. Sin afán de ser profetas de nada. Simplemente, con muchas ganas de reencontrar a mucha gente, y de pasarlo bien. ¡Y tan bien que lo pasamos! Y con mucha, mucha gente, nos reencontramos. Y sirvió para reír, recordar, hablar, revisitar, llorar… y tantas otras cosas que se hacen en estas ocasiones.

Y una vecina pudo leer a mi madre las palabras que yo había compartido con ellos unas horas antes. Y unas horas después, a mi madre le tocó morirse. Cosas que pasan.

Comparto mis palabras con vosotros ahora. Con menos orgullo que cuando se las di a mi madre, pero igual de feliz.

«El Olvido»

¡Qué maravilla! ¡Qué ilusión más grande! ¿no?

A ver, no… no intentéis ajustaros las gafas, los que lleváis: Estoy de pie.

¡Veinticinco años, qué barbaridad! En 1993, muchos ni siquiera habíamos vivido tanto… Y anda, que no nos ha cundido este cuarto de siglo, ¿eh? Andamos repartidos en cinco países, en 22 provincias, abarcamos todas las especialidades, la sanidad pública, la privada, la industria, la administración… Queridos profesores: ¡buen trabajo! El Sr. Decano me acaba de confirmar que seguimos siendo la única promoción de esta Facultad que ha tenido un nº1 en el MIR… No sé si habremos sido los mejores, pero para lo que uno recuerda que yo era cuando llegamos a vuestras manos, ¡mejor, imposible!

Un cuarto de siglo. Así dicho, claro que parece la mejor ocasión posible para reunirnos, contarnos, y recordar. Os voy a confesar una cosa: a algunos no os recuerdo, o me parece que ni siquiera nunca nos hayamos conocido.

Tantas cosas por recordar y evocar… yo no sé vosotros, pero a mí, lo primero que me da por traer a la memoria son algunos ausentes. Voy a parecer algo egoísta quizás, pero el primero que recuerdo que ya no está es mi padre, y lo que me insistió desde que tuve uso de razón por que estudiara Medicina; perdonadme el personalismo, sin su guía y su insistencia, hoy no estaría aquí. Pero claro, acto seguido me vienen también a la memoria los padres y familiares de algunos de vosotros: Vicente, Benito, Pelegrín, como otros Maestros que compartimos como el Dr. José Mª Manso, el Dr. Igea, Tomás Caro-Patón… Anoche me comentaban que una compañera nuestra de promoción, Berta, falleció a los pocos años de que acabáramos. Espero que todos hayamos sido fiel memoria de sus buenas enseñanzas, y que continuemos dando testimonio de esas enseñanzas, para que no caiga El Olvido sobre ellos.

Cosa curiosa ésta del Olvido: Decía Gregorio Marañón en su “Elogio y nostalgia de Toledo” (1941) que «la Fisiología del Olvido y la memoria funcionan de manera similar a los Montes de Piedad: depositamos recuerdos que ganan o pierden valor únicamente en función de la necesidad o el interés en poder recuperarlos, y a veces debemos abandonar algunos para siempre para poder crear otros nuevos, en la esperanza de que tendrán más valor para nosotros. Así, para construir el baluarte espiritual de mi refugio en El Cigarral de Menores, he tenido que abandonar buena parte de las memorias de mis años postdoctorales en Alemania.»

Algo así hemos ido creando nosotros mismos, desde que “empeñamos los libros en el Monte de Piedad”. Hemos dejado cosas, algunas las hemos abandonado para siempre, porque necesitábamos generar nuevo saber, nuevo conocimiento. Muchos de vosotros quizá lo sepáis, yo lo aprendí hace muy poco, además de nuestra promoción, hay otro grupo interesante que acaba de celebrar los 25 años de su artículo fundacional: Sackett, Oxman, Guyatt, Gray… No, no es la formación de “Deep Purple” en los Noventa, fueron quienes publicaron un primer ensayo acerca de la Medicina Basada en la Evidencia. Me quedo con una frase que atribuyen a Sackett(*), aunque nadie sabe si es cierta o no: «La mitad de lo que aprendemos en la Facultad de Medicina habrá demostrado ser falso para cuando nos graduemos; lo difícil es discernir qué mitad será la falsa».

En esto vamos pasando el tiempo: Memoria y olvido, aprender y desaprender. Cajal, en su último ensayo, “El mundo visto a los ochenta años: Impresiones de un arterioesclerótico” venía a redundar en lo mismo: «cualquiera que sea lo que el conocimiento avance en la función y estructura de la neurona, lo que no se conseguirá será potenciar sus capacidades ad infinitum; tenemos las que tenemos, y con ellas deberemos hacer nuestro camino, más o menos atribulado».

Dicho en palabras más simples, de las que hemos usado todos siempre en el castellano “llano” que utilizamos aquí: Que «para aprender hay que olvidar», no sé si la evidencia científica respalda este dicho, pero la experiencia de muchos nos hace creer que en efecto es así.

Pero hay que ver la de cosas más o menos inútiles que seguimos recordando, ¿eh? Estos meses de preparativos de este encuentro, seguro que hemos recordado unas cuantas: “A útero lleno, no dar cornezuelo de centeno”; “no hay que ser tímido con las mujeres ni con los corticoides”, “el peculiar metabolismo de los indios PIMA”, “no van a ver uno de esos en su vida” …

Y tendremos que seguir aprendiendo, no queda otra. Igual que seguimos estudiando para aprender lo que nos exigieron en postgrados, doctorados, máster, en el MIR y otras oposiciones varias. Lo mismo que hemos aprendido a despedir enfermos, a seres queridos, a trabajar en equipos, a dirigir equipos.

Por fortuna, como dice una colega nuestra y coetánea, María José Mas Salguero, neuróloga de niños en Tarragona: «Nuestro cerebro es un prodigio de la adaptación. Probablemente [el cerebro humano] es el órgano de la naturaleza mejor dotado para adaptarse a su entorno y adaptar el entorno a sus necesidades. Adaptarse exige un aprendizaje y para aprender hay que recordar. El cerebro inteligente olvida para seguir siendo eficaz… Sólo recordamos aquello que nos emociona

Hablando de emociones: Hace 31 años, la primera vez que me puse enfrente de la promoción de estudiantes de Medicina de Valladolid 1987-1993, que acababa de elegirme su Delegado de Curso para nuestro primer año en la Universidad, era tal el cúmulo de emociones que inundaba este cuerpecillo mío, que lo primero que fui capaz de expresar fue hacer así [hace el gesto del “dedo palabrota”…] Yo no lo había olvidado, así que aprovecho para daros las gracias y pediros perdón. Gracias también por aceptar mis palabras hoy, es para mí un gran honor que me permitáis hablar en vuestra celebración de 25 años como médicos, que curiosamente, coinciden con mi particular celebración de 20 años Licenciado también.

Tenemos que seguir aprendiendo, de nuestros enfermos, de nuestros compañeros médicos, personal de enfermería, fisios, auxiliares… Algunos incluso tenéis oportunidades únicas de aprender enseñando, qué gran responsabilidad y qué gran privilegio, ¿qué emociones creéis que estáis generando? O aprender dirigiendo, liderando un equipo, un departamento, representando compañeros en organizaciones colegiales, en sindicatos, alguno acabará en política, es cuestión de tiempo y de seguir aprendiendo (o desaprendiendo, quién sabe).

A día de hoy, no se espera de nosotros que sigamos en activo otros 25 años. Sea lo que sea a lo que nos estemos dedicando, deseo que las emociones que os vayáis llevando sean grandes, intensas, de júbilo, y que sigamos aprendiendo lo fundamental: ser profesionales, íntegros en todos los aspectos de nuestras vidas; aceptando que somos lo que hemos aprendido y olvidado, entre otras cosas, gracias a quienes nos han acompañado en este itinerario, ¿qué menos que esa honestidad podemos pedir(nos)?

Y en este contexto de la honestidad, debo confesaros algo más

  1. Muchos me dijeron que salí elegido delegado por la foto que visteis de mí en la “ficha”. Esa no era la foto que quería poner, tuve que hacerme otras porque había perdido la que había elegido.
  2. No recuerdo con qué dijeron en clase de Farma que era un “asesinato” mezclar los betabloqueantes.
  3. La homeopatía no funciona más allá del efecto placebo según toda la literatura científica de calidad [esto no viene muy a cuento, pero aprovecho toda ocasión para recordarlo].
  4. Dos de las citas que he utilizado, son inventadas. La única auténtica es la de la Neuróloga de Tarragona.

Una última: Es un orgullo haber compartido estudios con vosotros, es reconfortante tener la certeza de que mis amigos, conocidos, familiares, están en buenas manos cuando mencionan vuestro nombre como responsables de sus cuidados. Espero que al menos esto último genere emociones “de las buenas”, y que nos acompañen hasta el próximo encuentro, para que no nos olvidemos.

Muchas gracias a todos.

(*) Al parecer, la frase que muchos atribuyen a Sackett, tiene muchos “padres”; el más antiguo de los atribuidos fue un Decano de Harvard en los años ’40, llamado Charles S. Burwell.

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