Medicina, Oficio y para los Oficios: La Visión de Keteris (III)

Iphigenia, Robert Schmalz

Keteris

¡Resultaba divertido ver la cara de sorpresa de la joven Keteris!

-Oh, es realmente obra de los dioses. Pero aún no conozco vuestro nombre…- consiguió musitar la de los azafranados cabellos. Y por unos segundos, el semblante de su interlocutora se ensombreció.

-Soy Sibila, hija de Dárdano y de Neso. Pertenezco a estirpes de reyes, pero no te confundas: los dioses quisieron que fuera su oráculo, y dejé palacios y opulencias por servir a los dioses y a los necesitados-. Cerró los ojos unos instantes, lanzó un profundo suspiro, y volvió a sonreír a la joven, que aún no daba crédito a sus ojos. Seguidamente, haciendo una seña a Keteris con la mirada, comenzó a guiarla hacia donde ella sabía que debía guiarla.

Sibila frente a un enfermo

Sibila frente a un enfermo

La doncella siguió los silenciosos pasos con que, con rico calzado, hacía camino Sibila hacia zonas reservadas del enorme santuario dedicado a Apolo; el lujo que podía observarse daba buena muestra del importante status del que gozaban las servidoras del dios. Cierto es que su tarea era sumo desagradable en muchas ocasiones: ver cara a cara la enfermedad, el sufrimiento, la desesperación, ofrecer esperanza divina a quienes otros que se decían cirujanos ya habían desahuciado, consuelo humano a quienes sus dolores hacían padecer la furia de Hades antes de cruzar la Estigia… sin duda alguna, estas mujeres, consagradas en cuerpo y alma, en largo retiro apartadas del mundo y cuya experiencia vital jamás las abandonará, por larga vida que Zeus las conceda, son más que merecedoras de la más alta consideración de la sociedad. Son intocables, y nunca les falta de nada.

Apolo y Quirón

Apolo y Quirón

Sin embargo, Keteris, aunque también consideraba su dedicación como un oficio, un servicio necesario para la Polis al igual que el de sanadores y cirujanos, un oficio que debería de ejercerse con sencillez y cercanía a quien se encuentra desvalido. La ostentación de poder le causaba náuseas por lo general, pero observar a tales presuntos descendientes del mismísimo Quirón, que pugnaban entre sí por tener el mayor número de aprendices y que claramente habían olvidado los preceptos de los Siete Sabios, cuyo principal precepto siempre fue que la humildad es la verdadera madre de la Sabiduría, directamente le repugnaba.

oráculo

Leyendo el Oráculo

Tras atravesar, pues, el templo, que por su luminosidad bien debía ser morada no solo de Apolo sino también de Helios, habían accedido a donde habitaban quienes custodiaban los sagrados lugares, controlaban el acceso de los fieles y escoltaban en todo momento a la Pitonisa, mensajera directa de Apolo en el Oráculo de Delfos; le proveían de alimento y bebida y protegían de los intentos de contacto físico con los enfermos. La belleza de los aposentos era más que épica; por doquier podían admirarse mármoles de deidades hasta ahora desconocidas para Keteris; las Musas, ninfas, faunos y toda suerte de seres dedicados a complacer a los dioses o a habitar en ríos, mares y bosques; imponentes columnas, trabajados frisos…

andamio peligroso

Andamiaje de un templo

En aquellos momentos, la joven de níveos brazos comenzó a padecer cierta sensación de vértigo y un súbito sudor frío; repentinamente, las estatuas cobraron vida y se convirtieron en abnegados carpinteros, escultores, obreros de toda clase que arriesgaban su salud y hasta su vida tratando de construir Dermatosis por contactpsemejantes dependencias. Vio hombres cayendo de empinados andamios, o perdiendo sus manos al utilizar sus herramientas, o respirando el polvo de la piedra que tallaban, cuando no con alguna mota de cuarzo en el ojo…ojo

 

Por fortuna, la espantosa visión apenas duró un instante, aunque a la joven le pareció una eternidad; pudo reponerse y recuperar la compostura, aunque le quedó una angustiosa opresión en el pecho y también debía estar blanca como la faz de cualquiera de las diosas de piedra que engalanaban la sala, porque su anfitriona no precisó invocar sus poderes para percatarse de que algo no iba bien. Sin embargo, obvió hacer comentarios y continuó camino hacia los anexos privados del templo.

 (Continuará…)

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