La Medicina como Oficio y para los Oficios: La Historia de Keteris.

Su nombre, Keteris. Keteris de Cnido.

Rondaba el año en que Pisístrato tomaba la Acrópolis de Atenas y daba comienzo una nueva era bajo su tiranía.

Keteris, a quien las ninfas dotaron en su cuna de belleza, elocuencia y donosura, vio la luz en Cnido, donde pugnaban en grandiosidad dos templos dedicados a las deidades con los oráculos más demandados por propios y ajenos, comerciantes, guerreros, enfermos, músicos y amantes. Los dioses más poderosos del Olimpo, Apolo y Afrodita, moraban en aquel pueblo portuario.

Apolo Triopio y Afrodita Cnidia.Apolo

afrodita

Nunca pasó desapercibida. Hermosa y rebelde, inteligente e inquieta. Las deidades habían sido generosas con aquella joven de cabellos azafranados que ella insistía en cubrir con un velo de gasa. Desde niña, su mayor obsesión era la pureza de cuerpo y de alma, pero la pureza de verdad y no lo que ella consideraba hipocresías de las grandes polis y los sacerdotes corruptos. Sus ropas resplandecían, pulquérrimas, sus manos níveas eran fiel reflejo de un hábito compulsivo por la limpieza y huelga decir que en su morada jamás pudo verse rastro de inmundicia alguna.

Mas lo que a Keteris realmente llenaba de tristeza y rabia era el sufrimiento. De todo tipo y condición. Ya a su familia le había supuesto serios quebraderos de cabeza cuando, de niña, insistía en acoger en su casa toda suerte de animalillos desvalidos y plagados de pulgas, a quienes ella lavaba concienzudamente y luego despiojaba con infinita paciencia. Tal oficio bien le valió algún disgusto, pues las chinches vieron apetecibles sus níveos brazos y en cierta ocasión le afectaron unas fiebres al poco de que le picara uno de tales infectos seres. Keteris no se arredró, sino que aprendió de aquellas y al siguiente perrillo que llevó para el consabido ritual, tuvo la idea de cubrirse desde entonces los cabellos, la cara y los brazos con gasas para evitar la desagradable visita de alguno de tales molestos parásitos.

Era conocida en todo Cnido, no solo por proceder de buena familia, sino casi al contrario, por los constantes desafíos a todo lo que tuviera algún atisbo de cercenar su libertad de acto, pensamiento o expresión. Hubo un tiempo en que los sacerdotes de ambos templos se interesaron por aquella adolescente de lengua viva y sanas costumbres. Pero si pensaban que aquella jovencita iba a dejarse monopolizar para seguir unos votos y unos ritos que ella consideraba trasnochados, ya podían volver por donde habían venido.

Sin embargo, aquel episodio sirvió para que Keteris conociera otro rostro de Apolo. Menos divino, menos grandioso, menos hermoso pero a la vez, a sus ojos, más bello; entre los múltiples poderes que se le atribuían al Dios Sol, el único que podía hablar de tú a Zeus, era el de la sanación. Al Oráculo de Apolo acudían enfermos a suplicar mejoría, o sanos a presentar ofrendas para no perder su salud. Y fue esta advocación de Apolo la que le hizo seguirle… a su manera.

 

 

(Plinto de Apolo Iatros, «2006 0814 Appolon Inscription 20060353» de CristianChirita – Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons) –

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