Calidad «PET-sistencial»

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Dos días antes de Reyes, tuvimos que tomar la durísima decisión de poner fin al sufrimiento que una enfermedad crónica producía en nuestro gato, y en los adultos de la casa.

Se lo expliqué a mis hijos, y la mayor, un año más joven que la mascota, tuvo incluso la oportunidad de acompañar a su “hermano gato” en sus últimos instantes, que pasaron entre sus caricias y lágrimas. Todos seguimos recordando con ojos vidriosos a quien ha sido una parte especial del mobiliario de casa durante doce años, pero incluso los peques pudieron darle un beso, despedirle, darle las gracias… Entender en definitiva lo que estaba pasando y asimilarlo como una experiencia natural.

De la parte de las relaciones de los niños con las mascotas, hay quienes han hablado mucho y bien, como por ejemplo Rafa Pardo hace bien poco para Pediatic. Del final de la vida de los humanos, yo mismo de manera algo críptica (para variar) explicaba la experiencia con alguien relativamente cercano hace menos de un año.

Hoy quiero recordar fundamentalmente a Pedro y Ana, los veterinarios de cabecera de mi gato durante casi doce años. A pesar de que cambiamos de residencia a la otra punta de la Ciudad hace más de diez, lo siguieron siendo. Cosa curiosa, diréis: a poco de llegar al nuevo barrio, probamos con la veterinaria de la zona, que nos cobró su correspondiente minuta por cortar las uñas y peinar a nuestra peludísima mascota, cuando ninguna de los dos servicios se los habíamos solicitado, ni eran motivo de nuestra consulta. Nuestro “WTP” hizo desde entonces que prefiriéramos el gasto en transporte (generalmente en vehículo privado, por la escasez de tiempo que podíamos dedicar al asunto) y mantener la confianza que Pedro y Ana habían generado en nosotros.

Con su paciente, siempre fueron impecablemente profesionales; mis conocimientos sanitarios hacían fácil que entendiera los procedimientos o actuaciones que realizaban en mi Persa Azul. Con sus clientes fueron si cabe más exquisitos: la profusión en explicaciones y aclaraciones aun sin demandarlas era a veces incluso abrumadora, intentando que tuviéramos plenitud de conocimientos necesarios para evitar una posible relación de agente. –”Voy a vacunarle contra la leucemia felina. La leucemia felina es provocada por un virus que no afecta a los humanos, pero que…” – “aunque tu gato vive en un piso de ciudad y no tiene relación con otros animales, es conveniente que reciba tratamiento contra los parásitos de…” – “estoy tomando su temperatura rectal, si alguna vez lo haces en casa, puedes usar un termómetro de uso humano, pero ten en cuenta que la temperatura basal en esta especie es superior a la de los humanos, y no olvides desinfectar el termómetro después con…”

Fue así hasta el final, y con mi hija mayor presente. Creo que me sentí incluso aleccionado, como padre y como médico. –”Tu hermano gato tiene una enfermedad que no podemos curar y que le causa gran sufrimiento e invalidez…” “hace poco yo tuve que hacer algo similar con mi propio perro“; “lo que voy a hacer es, a través de esta cánula que le he puesto sin que le doliera, inyectarle una medicina que primero le dormirá y después…”

Siempre tuvo claro que realizaba una tarea relevante para la salud pública. Siempre tuvo claro que en ella intervienen pacientes y clientes. Siempre ha utilizado un mensaje claro, al nivel del receptor, empático… Hasta el final. Le hubiera hecho humano que hubiera sacado un pañuelo más de los que tenía convenientemente preparados y puso a nuestra disposición, y nos hubiera acompañado en nuestro llanto; pero eso no le hubiera hecho mejor profesional.

Me vais a perdonar lo que voy a decir, pero quiero que mi Veterinario entre por el Seguro. Aunque tenga copago. Por eso sí que haría huelga, aunque la verdad estoy en otra batalla ahora mismo.

La canción, absurdamente fuera de tono, lo sé. Lo hago a posta, también.

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Una respuesta a Calidad «PET-sistencial»

  1. caeteris dijo:

    Suscribiendo cada una de tus palabras, pues mi cojín gris de ojos caldera sigue vagando cual fantasma por cada estancia de la casa y sus agentes de salud han sido mucho más humanos que muchos humanos tratando a la gente como a animales de bellota, recuérdame que te pida el divorcio bloguero. Me niego a compartir nombre y lugar en la web con quien mancilla el nombre y el recuerdo a mi felino amigo con tal insulto a la música.

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